LA DOBLE CRISIS DEL RÉGIMEN: ZAPATERO ANTE EL JUEZ Y SÁNCHEZ ACORRALADO EN EL CONGRESO

17 de junio de 2026 | Unidad Nacional
José Luis Rodríguez Zapatero se ha convertido en el primer expresidente del Gobierno en democracia en declarar como imputado ante un juez. La Audiencia Nacional le investiga por organización criminal, tráfico de influencias, blanqueo de capitales, falsedad documental, apropiación indebida, contrabando y fraude fiscal. El juez Calama concluye que su declaración «no ha logrado desvirtuar los indicios racionales de criminalidad». Un nuevo capítulo de la podredumbre del régimen del 78, donde la casta política ha convertido la cosa pública en un negocio privado al servicio de sus élites.


El cerco judicial a la cúpula socialista: indicios que no se desvanecen

Zapatero llegó a la Audiencia Nacional a las 8.48 horas. Fue recibido entre gritos de «sinvergüenza» y «chorizo». El expresidente accedió por una entrada reservada a jueces y fiscales, una medida excepcional solicitada por su equipo de seguridad. Durante casi tres horas, negó haber influido en el rescate de 53 millones de euros concedido a la aerolínea Plus Ultra en plena pandemia.

Pero el juez José Luis Calama no se ha tragado sus explicaciones. En su auto, el magistrado señala que existen «indicios racionales de criminalidad» que derivan de «diversas y distintas fuentes de prueba». Entre ellas, destaca «la trazabilidad de diversas transferencias entre las cuentas bancarias de José Luis Rodríguez Zapatero en relación con fondos procedentes de la ayuda pública concedida por el Gobierno a la mercantil Plus Ultra».

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El juez también alude a «la utilización de múltiples sociedades mercantiles indiciariamente instrumentales para canalizar estos pagos». No es casualidad: el entramado de sociedades es el modus operandi habitual de la corrupción del régimen. Zapatero ha atribuido los 490.780 euros recibidos de la empresa Análisis Relevante a sus trabajos de consultoría, amparándose en un contrato verbal. Una excusa tan endeble como la de tantos otros políticos del sistema cuando son descubiertos.

El caso Plus Ultra no es un accidente. Es la expresión de un sistema que ha normalizado el tráfico de influencias, que ha convertido la política en un mercado de favores y que ha colocado a sus dirigentes por encima de la ley. Zapatero es solo la punta del iceberg de una podredumbre que afecta a todo el arco parlamentario del régimen del 78.

La hipocresía del sistema: entre la presunción de inocencia y la impunidad de la casta

La Fiscalía Anticorrupción solicitó la retirada del pasaporte de Zapatero, su comparecencia quincenal ante el juzgado y la prohibición de salida del territorio nacional. La acusación popular, ejercida por el PP, se sumó a la petición. Vox, Hazte Oír, Liberum e Iustitia Europa fueron más lejos: pidieron prisión provisional.

El juez Calama, sin embargo, rechazó todas las medidas cautelares. Su argumento: Zapatero es «una persona de pública notoriedad», lo que «dificulta de manera evidente» que pueda huir de la justicia. Una decisión que revela la doble vara de medir del sistema judicial. Si un ciudadano común acumulara indicios de organización criminal, tráfico de influencias, blanqueo, falsedad, apropiación indebida, contrabando y fraude fiscal, ¿le permitirían conservar su pasaporte y su libertad?

La hipocresía del régimen es aún más evidente en la respuesta política. El PSOE ha asegurado que Zapatero sale «bien parado» de su declaración. Pedro Sánchez ha evitado darle su apoyo explícito en el Congreso, aunque La Moncloa se ha apresurado a aclarar que «ese apoyo se mantiene». El PP, por su parte, se limita a señalar que Zapatero ha salido igual que entró: imputado por siete delitos muy graves.

Nadie pide responsabilidades. Nadie exige la dimisión de los implicados. Nadie plantea una regeneración del sistema. La casta política se protege mutuamente, consciente de que el día que caiga uno, pueden caer todos. Es la lógica de la mafia, no la de un Estado de derecho.

Consecuencias para España: una nación que se desangra mientras sus dirigentes se enriquecen

El caso Plus Ultra no es un asunto menor. 53 millones de euros de dinero público fueron a parar a una aerolínea en quiebra. Parte de ese dinero, según los indicios del juez, pudo acabar en las cuentas del expresidente. Y en su despacho de la calle Ferraz, la UDEF halló 103 joyas valoradas en 1,3 millones de euros. Joyas cuyo origen, a día de hoy, no se ha acreditado.

Mientras tanto, los españoles de bien sufren la inflación, la precariedad y el desempleo. Pagan impuestos para sostener a una casta política que se enriquece a su costa. Ven cómo sus impuestos financian rescates millonarios a empresas amigas mientras ellos luchan para llegar a fin de mes. Ven cómo la unidad nacional se desmorona, cómo los separatistas avanzan, cómo la soberanía de España se subasta a intereses extranjeros.

Zapatero es el símbolo de esta decadencia. El hombre que pactó con ETA, que humilló a España en el exterior, que abrió la puerta al independentismo catalán, que firmó el Estatut y que sentó las bases del actual desgobierno. Ahora se sienta en el banquillo de la Audiencia Nacional. No es un accidente. Es la justicia poética de una historia que se cobra sus facturas.

La España de la Reconquista, la España del Imperio, la España que llevó la civilización a medio mundo, es hoy un país gobernado por una camarilla de corruptos que han hecho del expolio de lo público su forma de vida. No es tolerable. No es admisible. No es España.


La hora de la alternativa nacional: despertar, organizarse y construir

La podredumbre del régimen del 78 ha alcanzado su punto más álgido. Un expresidente del Gobierno imputado por siete delitos graves. Una trama de corrupción que salpica a toda la cúpula socialista. Un sistema judicial que aplica la ley con cuentagotas según el poder del investigado. Una casta política que se protege mutuamente mientras España se desangra. José Antonio Primo de Rivera lo advirtió con claridad: «No queremos una España invertebrada, sin unidad de destino, sino una España totalitaria en el sentido de que todo lo que es susceptible de unidad, se ordene en unidad» . Esa unidad, esa grandeza, esa dignidad, han sido destruidas por el régimen del 78. Pero no todo está perdido. Los españoles de bien no pueden permanecer indiferentes. Es hora de despertar. Es hora de organizarse. Es hora de construir una alternativa nacional que acabe con esta podredumbre. Apoya a los movimientos que defienden la unidad de España, la tradición hispánica y la justicia social. Exige elecciones anticipadas. Reclama la dimisión de los implicados. Participa en las concentraciones por la dignidad de España. La patria nos llama. No la defraudemos.